La “conducción” autónoma llega al mar

Una empresa noruega es la encargada de ello, y pretende que el barco que están desarrollando, el Yara Birkeland, sea el primer barco de carga eléctrica y autónomo que pueda emprender la navegación sin tripulación con el objetivo de transportar mercancías de manera sostenible, ecológica y con un gran ahorro en costes.

En el desarrollo del buque, una embarcación de unos 80 metros que será capaz de cargar unas 2040 toneladas, se está empleando una alta tecnología compuesta por GPS, rádares, cámaras y sensores que darán vida a su sistema autónomo, permitiendo la navegación sin tripulación a pesar del tráfico marítimo, además de permitir atracar en cualquier puerto sin necesidad de ningún tipo de ayuda.

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Se prevé que para principios del año 2020, el Yara Birkeland, realice su primer trayecto a lo largo de un fiordo que une la planta de producción de la empresa Yara International SA, encargada del proyecto, y el puerto de Larvik, en un recorrido de unos 60 kilómetros aproximadamente; y donde se transportará una carga de sus productos (fertilizantes). Este viaje, y los siguientes que se lleven a cabo hasta 2022, serán supervisados constantemente por una tripulación que irá a bordo y que comprobará la efectividad del sistema autónomo del Yara Birkeland antes de que pueda emprender sus trayectos por sí solo, para evitar posibles daños o para rectificar posibles errores; con la idea de que en el futuro esta tecnología pueda aplicarse a grandes recorridos.

¿Cómo afectará la navegación autónoma al sector marítimo?

La ley internacional marítima actual establece que los buques deben estar debidamente tripulados, lo que significa que los buques no tripulados no tienen permiso para acceder a aguas internacionales; aunque el pasado año, y en vista de las tendencias tecnológicas que se van implementando, la Organización Marítima Internacional (OMI) planteaba la actualización de la ley para permitir a los buques de carga navegar sin capitán o tripulación entre países.

Además de la adaptación de las leyes, la navegación autónoma afecta a otra parte del sector marítimo, los seguros de las embarcaciones. Y es que, dada la inexistencia, de momento, de estos trayectos, no se puede valorar los riesgos reales que presentan; no solo en el contexto de los posibles daños que puedan causarse en las embarcaciones en su navegación, si no también en el de que estos barcos tienen un riesgo mucho mayor frente a posibles ciberataques.

En conclusión, aunque la navegación autónoma vaya a suponer grandes beneficios, como el ahorro en costes, reducción de emisiones para el medio ambiente, etc; son muchos los que aún ven grandes dificultades que salvar en el sector del transporte marítimo, como la adaptación de buques a las nuevas tecnologías, los riesgos de los fallos cibernéticos, etc.

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